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Algunas personas no se deciden a viajar con sus hijos por el inconveniente que pueden presentar las noches en un hotel. Si el niño es pequeño, el asunto no es muy difícil de resolver: comprobar que el hotel disponga de camas supletorias, cunas adaptadas o simplemente practicar el colecho o cama familiar- opción por la que nos decantamos en casa - es la solución. La mayor parte de los hoteles permiten hasta tres personas en una misma habitación, principalmente si la tercera en discordia es un niño. O al menos los hoteles equipados para familias lo hacen.
El problema es cuando hay más de un niño, claro. Aunque las familias españolas cada vez son más pequeñas y en la actualidad proliferan los hijos únicos, todavía quedamos unos cuantos valientes (o afortunados, según se mire) que nos hemos dado el lujo de tener más descendencia. Dos suele ser lo normal, las familias numerosas - con tres hijos o incluso más - se cuentan a la fecha casi con los dedos de la mano.
Y la cosa se agrava cuando el niño sigue siendo un niño. A nadie se le ocurre dejar a un peque de siete u ocho años solo en una habitación de hotel. Y menos en el extranjero. Aunque los problemas en los buenos hoteles no suelen suceder, la sensación de inseguridad (aunque sea imaginaria) es capaz de dejar sin dormir a más de una madre – vale, seguro que también a más de un padre.
No importa que en casa duerma tranquilamente en su cama, ni que ya no tenga problemas de pesadillas o terrores nocturnos. Ni siquiera que sea ese niño modélico que cuando le dices “a la cama” le falta tiempo para irse a la cama y lo que es más, dormirse tranquilamente. Fuera de casa la cosa cambia y los padres somos desconfiados por naturaleza en lo que a nuestra prole se refiere – un gran avance evolutivo que probablemente haya ayudado a que la especie siga por aquí.
Gastar dinero en una habitación doble extra y que cada progenitor duerma con uno de los peques suele ser la práctica más habitual. Pero, sinceramente, no es divertido y con lo mal que anda la vida, cualquier ahorro se agradece.
Por eso algunos hoteles, como el hotel Bahía Príncipe San Felipe, disponen de habitaciones para familias. Dos adultos y dos niños de 2 a 11 años (los menores de dos años no cuentan) en un mismo alojamiento. Sólo hay que estar atento al simbolito.
Algún padre preocupado dirá que qué se puede hacer a partir de 12 años, pero desafortunadamente es posible que con esa edad sea tu hijo el que no quiera dormir contigo. Aprovecha ahora que aún te deja.
Y si alguien tiene dudas de que así se duerma bien, sólo se puede decir una cosa ¿vosotros habéis visto las camas? Son enooooormes. Después de probar esas camas no querrás dormir en otro sitio, aunque hayas tenido que compartirlas con tus nanos.
Foto | iadeth